Una fría noche en la que la nieve cubría con ligereza la hierba, las luces de las pequeñas casitas estaban apagadas. Los pueblerinos dormían ajenos en sus camas, a lo que estaba por suceder a pocos metros de sus hogares.
La nevada cesó sin previo aviso y las nubes se apartaron dejando ver las estrellas y la plateada luz de la luna llena. Esa luz fue haciéndose cada vez mas densa. Formaba un túnel, para la criatura que por él, tenía que llegar a este mundo.
Una figura comenzó a formarse en el lecho de nieve, protegida, por aquella luz. Poco a poco fue difuminándose, mostrando el cuerpo esbelto de una mujer que tenía en las espalda unas enormes alas blancas. Una vez se puso en pie, todo rastro de luz se esfumó; volviendo a juntar las nubes y dejando nevar de nuevo. Nada cambió en aquel lugar. El sueño seguía reinando en el pueblo. Mas, no todo es lo que parece a simple vista. Muchas veces hay que mirar dos veces para poder ver, puesto que alguien más estaba despierto aquella noche y había descubierto el mágico secreto de aquella joven.
Una sonrisa oscura se formó en los labios del muchacho que hubo presenciado aquella llegada celestial. Él, al no querer ser descubierto por la joven, se ocultó aún más en las sombras que aquel árbol le proporcionaba estando posado en sus ramas. Aquella joven debía ser su presa, decidió. Su apetito que creía saciado con la anterior víctima, volvió a resurgir en él.Observó a la muchacha con cierta mofa, por que le divertían sus torpes pasos sobre la nieve.
Ella miró a su alrededor al sentirse observada, mas, no halló nada en la oscuridad de la noche. Caminó hasta las primeras casas, a la vez que plegaba sus alas, de modo que quedasen ocultas dentro de sí. Necesitaba refugiarse del frío, pensó.
Ella se estaba alejando por lo que el joven descendió del árbol con un grácil y silencioso salto. Sonrió para sí cuando se dio cuenta de a dónde se dirigía la joven. El granero del pueblo era un lugar perfecto para cometer su crimen, pensó. Allí no llamaría la atención hasta que algún hombre entrase. Y eso prometía ser lejano dado el tiempo que hacía. A cada paso su presa quedaba más cerca. Pronto pasó su lengua por los colmillos afilados, saboreando el inminente manjar.
La joven muchacha que poseía una magia extraña y desconocida, fue conocedora del peligro que corría así que se preparó para luchar. Tomó de la pared una hoz y la abrazó contra su pecho a la vez que se escondía entre la paja. No estaba dispuesta a dejarse vencer sin tan siquiera haber empezado su misión. La había informado de que una criatura de pesadilla llevaba meses atemorizando a los aldeanos de aquel pequeño pueblo y ella fue elegida para acabar con ese mal sueño.
Aquel ser que se ocultaba tras la apariencia de un joven llegó al granero y abrió la puerta. Olfateó el aire buscando a la muchacha, pues en la oscuridad sus ojos servían de poco. La olía. Ella estaba allí, cerca de él. No le cabía duda. El hambre le invitaba a matar.
La nevada cesó sin previo aviso y las nubes se apartaron dejando ver las estrellas y la plateada luz de la luna llena. Esa luz fue haciéndose cada vez mas densa. Formaba un túnel, para la criatura que por él, tenía que llegar a este mundo.
Una figura comenzó a formarse en el lecho de nieve, protegida, por aquella luz. Poco a poco fue difuminándose, mostrando el cuerpo esbelto de una mujer que tenía en las espalda unas enormes alas blancas. Una vez se puso en pie, todo rastro de luz se esfumó; volviendo a juntar las nubes y dejando nevar de nuevo. Nada cambió en aquel lugar. El sueño seguía reinando en el pueblo. Mas, no todo es lo que parece a simple vista. Muchas veces hay que mirar dos veces para poder ver, puesto que alguien más estaba despierto aquella noche y había descubierto el mágico secreto de aquella joven.
Una sonrisa oscura se formó en los labios del muchacho que hubo presenciado aquella llegada celestial. Él, al no querer ser descubierto por la joven, se ocultó aún más en las sombras que aquel árbol le proporcionaba estando posado en sus ramas. Aquella joven debía ser su presa, decidió. Su apetito que creía saciado con la anterior víctima, volvió a resurgir en él.Observó a la muchacha con cierta mofa, por que le divertían sus torpes pasos sobre la nieve.
Ella miró a su alrededor al sentirse observada, mas, no halló nada en la oscuridad de la noche. Caminó hasta las primeras casas, a la vez que plegaba sus alas, de modo que quedasen ocultas dentro de sí. Necesitaba refugiarse del frío, pensó.
Ella se estaba alejando por lo que el joven descendió del árbol con un grácil y silencioso salto. Sonrió para sí cuando se dio cuenta de a dónde se dirigía la joven. El granero del pueblo era un lugar perfecto para cometer su crimen, pensó. Allí no llamaría la atención hasta que algún hombre entrase. Y eso prometía ser lejano dado el tiempo que hacía. A cada paso su presa quedaba más cerca. Pronto pasó su lengua por los colmillos afilados, saboreando el inminente manjar.
La joven muchacha que poseía una magia extraña y desconocida, fue conocedora del peligro que corría así que se preparó para luchar. Tomó de la pared una hoz y la abrazó contra su pecho a la vez que se escondía entre la paja. No estaba dispuesta a dejarse vencer sin tan siquiera haber empezado su misión. La había informado de que una criatura de pesadilla llevaba meses atemorizando a los aldeanos de aquel pequeño pueblo y ella fue elegida para acabar con ese mal sueño.
Aquel ser que se ocultaba tras la apariencia de un joven llegó al granero y abrió la puerta. Olfateó el aire buscando a la muchacha, pues en la oscuridad sus ojos servían de poco. La olía. Ella estaba allí, cerca de él. No le cabía duda. El hambre le invitaba a matar.
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