La joven muchacha intentaba controlar su respiración. Quería también, conservar la calma. Ella sabía que él, la tenía acorralada y cada vez eran menos las posibilidades de escapar. Si iba a hacer algo, ese era el momento justo para atacar. Sin más dilación se puso en pie y le atacó. No le miró a la cara cuando la hoz se clavó con profundidad en el hombro de la criatura. Cuando vió que ésta se alejaba unos pasos, aprovechó para ir colocándose de tal forma que pudiera salir de aquella trampa.
Bella, esa fue la palabra que atravesó la mente de la criatura al ver a la joven de rubios cabellos que acababa de atacarle. Sin duda sus ojos examinaron con detenimiento su rostro, a la vez que su mente viajaba tiempo atrás, queriendo saber si había visto otra mujer que pudiera comparársele. No, sus ojos jamás contemplaron belleza sin igual.
Al ver como la criatura sacaba de su carne el arma con la que le atacó, pensó que estaba perdida. Tenía que haber hecho el conjuro nada más llegar, pero, ahora era tarde. Recordó segundos después que todavía tenía un as en la manga. Sonrió para sí al sacar la larga y fina cadena de plata de su túnica. Tal y como la hubieron enseñado, la colocó alrededor de su cuello, dejando un extremo en la mano, con el cual amenazaba al joven. La plata quema la carne muerta, pensó.
La criatura gruñó viéndose derrotada. Sin duda aquella joven sabía lo que hacía y conocía alguna que otra debilidad de la especie a la que aquella criatura pertenecía. Retrocedió al interior del granero bailando al compas de las vueltas que la joven hacía con su cadena. La hubo subestimado y eso era un error que no podía permitirse.
Viendo su victoria contra aquel ser, dejó la cadena sin movimiento y salió corriendo fuera del granero. Se sentía orgullosa por haber superado el primer obstáculo de su misión. Por la mañana ella cambiaría para ser humana y debía recordar hacer el hechizo, pues sin duda, aquella criatura, con ansias de matar, volvería.
Bella, esa fue la palabra que atravesó la mente de la criatura al ver a la joven de rubios cabellos que acababa de atacarle. Sin duda sus ojos examinaron con detenimiento su rostro, a la vez que su mente viajaba tiempo atrás, queriendo saber si había visto otra mujer que pudiera comparársele. No, sus ojos jamás contemplaron belleza sin igual.
Al ver como la criatura sacaba de su carne el arma con la que le atacó, pensó que estaba perdida. Tenía que haber hecho el conjuro nada más llegar, pero, ahora era tarde. Recordó segundos después que todavía tenía un as en la manga. Sonrió para sí al sacar la larga y fina cadena de plata de su túnica. Tal y como la hubieron enseñado, la colocó alrededor de su cuello, dejando un extremo en la mano, con el cual amenazaba al joven. La plata quema la carne muerta, pensó.
La criatura gruñó viéndose derrotada. Sin duda aquella joven sabía lo que hacía y conocía alguna que otra debilidad de la especie a la que aquella criatura pertenecía. Retrocedió al interior del granero bailando al compas de las vueltas que la joven hacía con su cadena. La hubo subestimado y eso era un error que no podía permitirse.
Viendo su victoria contra aquel ser, dejó la cadena sin movimiento y salió corriendo fuera del granero. Se sentía orgullosa por haber superado el primer obstáculo de su misión. Por la mañana ella cambiaría para ser humana y debía recordar hacer el hechizo, pues sin duda, aquella criatura, con ansias de matar, volvería.
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